domingo, 8 de noviembre de 2009

ENTRE MEGA PLAZA Y EL PALACIO DE GOBIERNO

Mucho se ha discutido, y se sigue haciendo, acerca del fenómeno del desborde popular ocurrido en Lima, así como en las principales ciudades de la costa del Perú, hacia la mitad del siglo pasado.
En el caso particular de Lima, en los años cincuenta se inició el proceso de migración del campo a la ciudad. Los campesinos pobres de nuestra serranía, cada vez más explotados y excluidos, en sus siguientes generaciones y coincidiendo con el desarrollo de las comunicaciones (la radio se popularizó y la televisión comenzó su contagiante expansión), simplemente abandonaron su terruño para instalarse en la capital. Fenómeno semejante, aunque tardío, han tenido también Arequipa en el sur y Chiclayo y Trujillo en el norte.
Esos campesinos inexpertos en otros quehaceres que no sean el trabajo de la tierra, en muchos casos analfabetos y herederos de una cultura sometida, se instalaron en la ciudad y empezaron su cruzada.
Así, aparecieron las inicialmente llamadas barriadas (el cordón de la miseria que rodeaba la todavía Lima aristocrática de esos tiempos), para, con el transcurrir del tiempo y el esfuerzo de la autoconstrucción, constituirse en las urbanizaciones populares y pueblos jóvenes de la actualidad.
Pero fue probablemente hacia los años setenta, en pleno gobierno denominado revolucionario de las Fuerzas Armadas que dirigió el general Velasco Alvarado, ejecutándose la reforma agraria, cuando comenzó a expresarse, en toda su magnitud, el cambió de fisonomía de la capital. La ciudad jardín, aristocrática y tranquila, pasó a convertirse en lo que hoy en día es una realidad incuestionable: la urde de los conos, multitudinaria, esencialmente popular, en la que convergen las diversas expresiones de nuestros andes y pueblos olvidados. Lima es .qué duda cabe. una ciudad andinizada; la de todas las sangres del Perú. La que fue Ciudad de los Reyes es, ahora, la ciudad de los Chávez y de los Quispe, como ha señalado en acertada expresión el especialista Rolando Arellano, probablemente el más destacado estudioso actual de este singular fenómeno.
No en vano, pues, esos primeros migrantes constituyeron sus familias en Lima y, con el devenir de los días y sumando esfuerzos, ingenios y notables creaciones, la capital es hoy lo que es: una gigantesca urbe de más de siete millones de habitantes, variopinta, sin duda desordenada pero, al mismo tiempo, expresión de un cambio radical e insospechado, camino a seguir dándonos sorpresas.

Lo que sucede es que como las grandes transformaciones, lentas y caóticas, casi imperceptibles pero consistentes en el tiempo, el proceso migratorio ha generado dos fenómenos: una expresión de pujanza y mejoría en quienes son sus principales actores, y una ausencia de genuina representación política.
El desarrollo se advierte no solo en los sustantivos adelantos en la infraestructura urbana (las cabañitas de estera han sido sustituidas por edificios de concreto), sino en la creciente diversificación de su actividad económica. Basta recorrer algunas de las principales avenidas de tales urbanizaciones populares, para no referirse a los íconos tradicionales (como los centros comerciales de Gamarra y Polvos Azules), para comprobar el cambio, de un lado, y el inusitado progreso de sus gentes, de otro lado. Esto para no tratar del auténtico fenómeno económico que representa el conocido Mega Plaza del cono norte de Lima, de lejos el conglomerado comercial más versátil y pujante de la capital.
Y, claro, el campesino desorientado y eventualmente analfabeto de hace más de sesenta años, formó una familia: el hijo se educó y el hijo de éste asistió a un politécnico o a alguna universidad, y de allí entonces no es difícil comprobar lo que ahora se puede ver.
Sin embargo, no es claro que en el caso del Perú la expresión política, la genuina representación de intereses de esas multitudes, se encuentre efectivamente manifestada; sea auténtica; exista en la realidad esa conexión elemental que conlleva la coincidencia de ópticas en el ejercicio de dicha representación política. Por eso es que vale la pena hacer referencia al Mega Plaza y a Palacio de Gobierno.
Hay todavía quienes creen que la política en el país tiene que ver con los miopes intereses de los grandes grupos de presión o con las eventuales coincidencias que recurrentemente hay que encontrar con los tradicionales poderes fácticos (las Fuerzas Armadas, la Iglesia o los medios de comunicación), olvidándose, sin embargo, de los intereses de quienes.como los viejos campesinos migrantes ahora expresados en sus nietos convertidos en empresarios populares pujantes constituyen no solo las mayorías sino los que más necesidades que satisfacer tienen.
Y este fenómeno nada tiene que ver con el denominado antisistema, sino con el mecanismo que mejore la representación política del Perú.
Así como el centro comercial Mega Plaza constituyó una sorprendente realidad que no hizo otra cosa que exhibir lo que había, pero estaba oculto, no vaya a ser que la carencia de genuina representación política, si es que no se resuelve paulatina e inteligentemente, nos traiga otra de esas insólitas sorpresas que nos depara la siempre atípica realidad del Perú.

1 comentario:

  1. Lo que dices acerca de la representación política de los migrantes tiene fundamento, pero hay que recordar que si bien no la tienen del todo consolidada en el Gobierno Nacional, en los Gobiernos Regionales y Locales han logrado tener una ingente influencia con respecto a sus representantes ubicados plácidamente en las curules congresales.

    Hay que agregar también que el pasado régimen de Alberto Fujimori destruyó el sistema de partidos políticos inyectándole veneno en sus vísceras y dejándolo morir de una forma agonizante, en la actualidad esto se hace palpable con el Congreso que nosotros mismos como colectividad hemos elegido.

    Por otro lado, este vertiginoso crecimiento y la expansión económica que se contrasta con los aún existentes cordones de miseria son una buena oportunidad para que los que dirigen los pasos del país tomen las decisiones correctas y consoliden no sólo los bolsillos de los peruanos sino también la democracia, que es el pilar de todo crecimiento sostenible en el tiempo.

    Y por último, el ejemplo que citas de Mega Plaza, aquel centro comercial que si bien no es del todo peruano, demostró que los migrantes tiene la capacidad adquisitiva para competir con los más exquisitos consumidores del Jockey, prueba del progreso de este sector de la sociedad peruana que comenzó, como dices analfabeto en muchos casos, pero que ahora se cuentan entre los empresarios más prósperos de Lima.

    http://elinquisidorperpetuo.blogspot.com

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