lunes, 9 de noviembre de 2009

EL AGRO PERUANO Y EL TLC

Jeampier CARTAJENA ESCALANTE

JEAMPIER.CE@hotmail.com


El Perú ha negociado, desde mayo del 2004, un Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos de América. Este TLC reemplaza a la Ley de Promoción Comercial Andina y Erradicación de Drogas (ATPDEA), la cual fue dada en el mes de octubre de 2002, y tiene una vigencia hasta diciembre de 2006. Es por esto que el Estado Peruano se vio en la necesidad de llegar a la firma de un Tratado Comercial lo antes posible dado los beneficios exportadores que la Ley antes mencionada ha traído al país.

Este Tratado de Libre Comercio Perú-Estados Unidos, es un acuerdo comercial de carácter vinculante y cuyos objetivos son el eliminar obstáculos al intercambio comercial, consolidar el acceso a bienes y servicios y favorecer la captación de inversión privada. Incorpora, además de temas comerciales, temas económicos, institucionales, de propiedad intelectual, laborales y medio-ambientales, contrataciones públicas, servicios, políticas de competencia y solución de controversias, entre otros. Fue suscrito el día 8 de diciembre del 2005 en Washington D.C., EE.UU. El 29 de junio de 2006 fue ratificado por el Perú. Fue ratificado por el Congreso de Estados Unidos en forma definitiva el 4 de diciembre de 2007

Pero esta necesidad de iniciativas a liberalizar las economías y crear mercados comunes reflejan procesos complejos con multitud de controversias, con temas que hasta hoy no han podido darle una real viabilidad, y uno de esos temas, tal vez el mas complejo y conflictivo y el que mejor va a representar la discordia entre los países ricos y pobres es el tema del agro.

En la actualidad hay casi 8 millones de campesinos que trabajan en el rubro de la agricultura, es decir el 30% de la población que llegado a un TLC con los Estados Unidos en condiciones desprotegidas hacia tal rubro ese 30% de la población será perjudicada en su totalidad.

Si bien es cierto con el TLC se abrirán las puertas para una comercialización sin fronteras ni aranceles, esta solamente estará acondicionada para que pocos puedan entrar a tal sistema, es decir pocos van a poder exportar sus productos hacia Estados Unidos mientras tanto el resto, que es la gran mayoría, solo tendrá que ver como poco a poco se sumerge en la decadencia.

El tema central de todo este problema es sobre los subsidios que hace el gobierno Estadounidense con respecto a su agricultura.
Debido a esto es que los agricultores y los productos agrícolas en el Peru se ven amenazados ya que se daría una competencia injusta, los productos de afuera entrarían con un precio muy menor al que se estimaría aquí.
En el año 2004, por ejemplo, los subsidios de los países desarrollados hacia la agricultura llego a 378 mil millones de dólares seis veces el PBI del Perú.
Pero lo grave esta también en que estos subsidios no cesaran de incrementarse, según estudios entre los periodo 1986-1988 y 2002-2004 los subsidios de los países desarrollados en el sector agro subió en un 8,6% (OECD, PSE/CSE database 2005)

En esas condiciones es muy arriesgado establecer comercialización libre con un país desarrollado como lo es Estados Unidos; mas aun si es que desde los 90 se viene desmantelando los mecanismos de protección y regulación al agro, renunciando a medidas de protección permitidas por la OMC, o el abandono que padeció el agro con la política aplicada de Fujimori favoreciendo solo a sectores empresariales. Estas políticas se han mantenido sin ninguna variación primero con Toledo y ahora con García, dos señores que a como de lugar hicieron que el TLC se diera en condiciones poco estables para el sector agrícola. García por su parte da la iniciativa para un programa “sierra exportadora” poniendo el acento solo en el sector exportador del agro y dejando de lado al sector interno; este programa no es más que el reflejo de una visión sesgada de la realidad del agro, pues solo una minoría de productores serán aptos para la exportación.
Si hacemos una revisión de la situación de algunos países que ya establecieron tratados de libre comercio, como México, nos podrá servir como punto de referencia hacia la reflexión. En México tras diez años de aplicación los resultados son desalentadores. Allí, como sucederá en el Perú, la mayoría de los agricultores campesinos fueron empobrecidos a comparación de los muy pocos beneficiados con tal tratado.

En México apenas fue el 2% de los productores que tuvieron la capacidad de poder exportar a los Estados Unidos, perdiendo el agro así más de dos millones de empleos y miles de agricultores se vieron en la obligación de vender sus tierras para migrar hacia las ciudades.

Lo sucedido en México demuestra que un tratado de libre comercio bajo condiciones negativas puede ser bastante perjudicial. No hay duda de que habrán sectores que se beneficien como las grandes empresas de agroexportacion de la costa, pero son minorías privilegiadas que solo representan una mínima parte del producto agrícola, es decir solo el 7.5%.

Una de las ventajas que sustenta el gobierno es que el TLC traerá productos y alimentos baratos que en teoría beneficiara a lo consumidores. Pero tal ventaja desaparece cuando se contrasta con la situación de pobreza de miles de agricultores que subsisten abasteciendo al mercado interno, y que sin apoyo del Estado, ni recursos tecnológicos adecuados tendrán que competir en desventaja.
Se debe de promover el desarrollo asociaciones productivas que saquen provecho de nuestras fortalezas y permitan al campesino competir. Un ejemplo de ello se da en la sierra de Piura donde se ha constituido la Central Piurana de Cafetaleros-CEPICAFE.

Esta asociación durante el 2006 exporto por un monto de 5 millones de dólares. El 72% de su producción cuenta con certificación orgánica y el resto esta a punto de obtenerla lo que le permite entrar a competir a un mercado exigente. Los productores están haciendo un buen negocio y para eso no hicieron ni necesitaron un tratado de libre comercio.

Sin duda, al margen de esta experiencia exitosa, es necesaria una presencia más protectora por parte del estado hacia el sector agrario para que de alguna u otra manera no se vea tan afectado. Es necesario exigir un TLC que no solo beneficie al gran sector empresarial, si no que también protege a los millones de campesinos que ya de por si estas subsistiendo a duras penas.

domingo, 8 de noviembre de 2009

ENTRE MEGA PLAZA Y EL PALACIO DE GOBIERNO

Mucho se ha discutido, y se sigue haciendo, acerca del fenómeno del desborde popular ocurrido en Lima, así como en las principales ciudades de la costa del Perú, hacia la mitad del siglo pasado.
En el caso particular de Lima, en los años cincuenta se inició el proceso de migración del campo a la ciudad. Los campesinos pobres de nuestra serranía, cada vez más explotados y excluidos, en sus siguientes generaciones y coincidiendo con el desarrollo de las comunicaciones (la radio se popularizó y la televisión comenzó su contagiante expansión), simplemente abandonaron su terruño para instalarse en la capital. Fenómeno semejante, aunque tardío, han tenido también Arequipa en el sur y Chiclayo y Trujillo en el norte.
Esos campesinos inexpertos en otros quehaceres que no sean el trabajo de la tierra, en muchos casos analfabetos y herederos de una cultura sometida, se instalaron en la ciudad y empezaron su cruzada.
Así, aparecieron las inicialmente llamadas barriadas (el cordón de la miseria que rodeaba la todavía Lima aristocrática de esos tiempos), para, con el transcurrir del tiempo y el esfuerzo de la autoconstrucción, constituirse en las urbanizaciones populares y pueblos jóvenes de la actualidad.
Pero fue probablemente hacia los años setenta, en pleno gobierno denominado revolucionario de las Fuerzas Armadas que dirigió el general Velasco Alvarado, ejecutándose la reforma agraria, cuando comenzó a expresarse, en toda su magnitud, el cambió de fisonomía de la capital. La ciudad jardín, aristocrática y tranquila, pasó a convertirse en lo que hoy en día es una realidad incuestionable: la urde de los conos, multitudinaria, esencialmente popular, en la que convergen las diversas expresiones de nuestros andes y pueblos olvidados. Lima es .qué duda cabe. una ciudad andinizada; la de todas las sangres del Perú. La que fue Ciudad de los Reyes es, ahora, la ciudad de los Chávez y de los Quispe, como ha señalado en acertada expresión el especialista Rolando Arellano, probablemente el más destacado estudioso actual de este singular fenómeno.
No en vano, pues, esos primeros migrantes constituyeron sus familias en Lima y, con el devenir de los días y sumando esfuerzos, ingenios y notables creaciones, la capital es hoy lo que es: una gigantesca urbe de más de siete millones de habitantes, variopinta, sin duda desordenada pero, al mismo tiempo, expresión de un cambio radical e insospechado, camino a seguir dándonos sorpresas.

Lo que sucede es que como las grandes transformaciones, lentas y caóticas, casi imperceptibles pero consistentes en el tiempo, el proceso migratorio ha generado dos fenómenos: una expresión de pujanza y mejoría en quienes son sus principales actores, y una ausencia de genuina representación política.
El desarrollo se advierte no solo en los sustantivos adelantos en la infraestructura urbana (las cabañitas de estera han sido sustituidas por edificios de concreto), sino en la creciente diversificación de su actividad económica. Basta recorrer algunas de las principales avenidas de tales urbanizaciones populares, para no referirse a los íconos tradicionales (como los centros comerciales de Gamarra y Polvos Azules), para comprobar el cambio, de un lado, y el inusitado progreso de sus gentes, de otro lado. Esto para no tratar del auténtico fenómeno económico que representa el conocido Mega Plaza del cono norte de Lima, de lejos el conglomerado comercial más versátil y pujante de la capital.
Y, claro, el campesino desorientado y eventualmente analfabeto de hace más de sesenta años, formó una familia: el hijo se educó y el hijo de éste asistió a un politécnico o a alguna universidad, y de allí entonces no es difícil comprobar lo que ahora se puede ver.
Sin embargo, no es claro que en el caso del Perú la expresión política, la genuina representación de intereses de esas multitudes, se encuentre efectivamente manifestada; sea auténtica; exista en la realidad esa conexión elemental que conlleva la coincidencia de ópticas en el ejercicio de dicha representación política. Por eso es que vale la pena hacer referencia al Mega Plaza y a Palacio de Gobierno.
Hay todavía quienes creen que la política en el país tiene que ver con los miopes intereses de los grandes grupos de presión o con las eventuales coincidencias que recurrentemente hay que encontrar con los tradicionales poderes fácticos (las Fuerzas Armadas, la Iglesia o los medios de comunicación), olvidándose, sin embargo, de los intereses de quienes.como los viejos campesinos migrantes ahora expresados en sus nietos convertidos en empresarios populares pujantes constituyen no solo las mayorías sino los que más necesidades que satisfacer tienen.
Y este fenómeno nada tiene que ver con el denominado antisistema, sino con el mecanismo que mejore la representación política del Perú.
Así como el centro comercial Mega Plaza constituyó una sorprendente realidad que no hizo otra cosa que exhibir lo que había, pero estaba oculto, no vaya a ser que la carencia de genuina representación política, si es que no se resuelve paulatina e inteligentemente, nos traiga otra de esas insólitas sorpresas que nos depara la siempre atípica realidad del Perú.